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5.7.07

PONIENDOME AL DIA


He estado varios dias fuera, no solo de la blogsfera, sino hasta de mi misma. Se me han presentado algunas situaciones difíciles en mi entorno familiar y personal, algunas que sin vergüenza alguna han pretendido llevarme al borde del abismo... pero aquí estoy, haciendo que soy fuerte.

Para comenzar, el mismo día que nació mi hermosa sobrina (19 de junio), me despidieron del trabajo. Ahí trabajé durante 4 años. Me quedan unas buenas experiencias, conocimientos adquiridos y un par de buenos amigos. I guess nothing lasts forever.

Y bueno, con la pérdida del empleo vienen cosas tales como: llamadas de los acreedores, ver que cada día se desaparecen poco a poco los alimentos y no tienes para comprar más... saber que pronto te quedas sin internet. Y vienen momentos de tal desesperación que el mundo se te hace pequeño, que quisieras encontrar la montaña más alta, treparte en su pico y gritar y gritar hasta que Dios mismo te mande a callar. Y lloras, mañana tras mañana y noche tras noche, hasta que te das cuenta de que con llorar no mejoras las cosas.

Entonces me vi en el lugar más temido de todos los boricuas de clase media: en la fila del desempleo. Gracias a Dios que ahí estaba Ro, prestandome su valiosa compañía. Porque, dejame contarte, que ir al Departamento del Trabajo, comunmente conocido como El Desempleo, es una verdadera tortura como para sumergir a cualquiera en la más profunda depresión. Primero te entrevista X persona, para conocer tu caso. Esa persona, obviamente, tiene que preguntarte el gran
¿que pasó?... y tu, con la mejor cara posible, aguantando las lágrimas, tienes que contar como fue que la compañía tomó la decisión de que ya no servías para ellos. La señora o el señor X entonces proceden a tap tap tap escribir todo lo que le has dicho en su computadora, te da una tarjetita, te mira con cara de ya se que estas bien jodía, y te envía al primer piso para que procedan a abrir un expediente. (Ro quería bajar por las escaleras, yo insistí que bajaramos por el elevador.)


Entonces estamos en el primer piso. Ahí te llama esta señora, que evidentemente ya vivió sus mejores años, y vuelve a torturarte preguntandote el gran ¿que pasó? Aquí es donde verdaderamente comienzas a deteriorarte... y piensas... si viejas como usted se retiraran de sus trabajos a su debido tiempo, huviesen más oportunidades de empleo para jovenes como yo. Entonces le cuentas... bla bla bla, me votaron como bolsa de mierda. Excelente, ahora tienes que ir a hacer aquella otra fila, donde un agente te llenará unos papeles que debes firmar. Y adivina que... este otro agente, que todavía no sé para que demonios tiene una computadora en el escritorio, vuelve y te pregunta el gran ¿que pasó? Ya a este punto has vuelto a revivir la pérdida de tu trabajo tres veces en menos de dos horas, ya estas hecho un desastre emocional. Es aquí donde proceden a convertirte en un caso de psiquiatría. Este señor barbudo, con cara de borrachón, te dice con la cara más pendeja que has visto en tu vida: "Bien, ya está abierto tu expediente, cualificas para la cantidad de $133 (cientotreintaytres dólares) semanales, pero antes debes venir a una entrevista porque la compañía para la cual trabajabas debe aprobar que se te pague esa cantidad, ya que ellos son responsables de pagar ese dinero." Entonces te invade este deseo de comenzar a gritar, a tirar sillas de lado a lado, de comenzar a estrangular al maldito barbudo... O sea, tras que me echaron a la calle sin compasión alguna, ellos deciden si me dan los míseros $133 semanales. ¿Tenía usted conocimiento de que con esa cantidad de dinero ni un perro puede vivir en total comidad? ¿Y que pasa si ellos dicen que no? "En ese caso deberías apelar la decisión hasta que eventualmente digan que si." Y durante ese tiempo, claro, no me dan los $133 semanales.


Resumiendo: Durante las próximas semanas voy a vivir del viento.